Los riesgos tecnológicos que los desarrolladores de software deben afrontar en 2026

El mapa global de riesgos elaborado por el World Economic Forum para el periodo 2025–2026 confirma una tendencia que los desarrolladores de software ya perciben en su día a día: los riesgos tecnológicos están creciendo más rápido que la capacidad de muchas organizaciones para gobernarlos, documentarlos y demostrar su control desde un punto de vista técnico, legal y probatorio. En el corto plazo, la desinformación y la ciberseguridad se sitúan entre los riesgos más severos a escala global, mientras que en el horizonte de diez años los efectos adversos de la inteligencia artificial escalan posiciones hasta convertirse en un riesgo estructural para los mercados laborales, la cohesión social y la seguridad económica.

Desde el diseño del software

Para las empresas desarrolladoras de software, esta evolución no es teórica ni abstracta. En 2026, el foco regulatorio y contractual ya no se limita al uso que hacen los clientes de una aplicación, sino que se extiende al diseño del producto, a la arquitectura técnica, a los procesos de desarrollo, a la gestión de datos, a los modelos de IA integrados y a la capacidad de la empresa para demostrar que ha identificado, evaluado y reducido estos riesgos de forma sistemática. La ausencia de controles claros deja de ser una cuestión técnica y pasa a ser un problema legal, reputacional y económico.

Uno de los riesgos más destacados en el corto plazo es la desinformación y la manipulación de la información. Para los desarrolladores, esto se traduce en responsabilidades directas sobre la integridad de los datos, los mecanismos de validación, la trazabilidad de la información y la resistencia de los sistemas frente a alteraciones maliciosas o usos indebidos. Las auditorías de cumplimiento permiten identificar carencias en los registros, en los controles de modificación de datos, en la gestión de logs o en la gobernanza de contenidos generados por usuarios o por algoritmos, reduciendo el riesgo de que el software sea utilizado como vector de fraude, manipulación o conflicto legal.

Ciberseguridad en integridad, disponibilidad, trazabilidad, confidencialidad…

La ciberseguridad, situada entre los riesgos globales más relevantes a dos años, continúa siendo uno de los puntos más críticos para el sector software. La exposición a ataques, brechas de datos, accesos no autorizados o indisponibilidades no solo compromete la continuidad del negocio, sino que tiene un impacto directo en obligaciones legales, contractuales y regulatorias. En 2026, los desarrolladores deben ser capaces de demostrar que aplican medidas de seguridad por diseño y por defecto, que evalúan riesgos de forma periódica y que mantienen evidencias técnicas que respalden sus decisiones. Nuestras auditorías ayudan a transformar la ciberseguridad de un discurso genérico en un sistema documentado, auditable y defendible ante clientes, auditores externos o tribunales.

Especial mención merece el ascenso de los riesgos asociados a la inteligencia artificial. El informe señala cómo los resultados adversos de la IA han pasado de una posición marginal a ocupar un lugar central en el horizonte de diez años. Para las empresas que desarrollan o integran IA en sus soluciones, esto implica riesgos relacionados con sesgos algorítmicos, decisiones no explicables, impactos laborales, errores automatizados y posibles vulneraciones de derechos. Auditar estos sistemas desde una perspectiva de cumplimiento permite identificar debilidades en la gobernanza de modelos, en la gestión de datos de entrenamiento, en los mecanismos de supervisión humana y en la documentación necesaria para afrontar futuras exigencias legales y regulatorias.

A estos riesgos se suman otros de carácter estratégico, como la aceleración de las tecnologías cuánticas. Aunque todavía incipientes para muchas empresas, su evolución plantea retos relevantes en materia de cifrado, confidencialidad y dependencia tecnológica. No anticiparse a estos escenarios puede generar, a medio plazo, obsolescencia de medidas de seguridad y exposición a riesgos que hoy pasan desapercibidos. Las auditorías de cumplimiento permiten evaluar la resiliencia tecnológica y preparar hojas de ruta realistas para afrontar estos cambios sin improvisación.

Conclusión

En este contexto, las auditorías de cumplimiento no deben entenderse como un coste, sino como una herramienta de reducción de riesgos y de ventaja competitiva. Identificar y mitigar de forma anticipada los riesgos tecnológicos que marcarán 2026 permite a los desarrolladores proteger su negocio, reforzar la confianza de clientes e inversores y estar preparados para responder con evidencias sólidas ante cualquier conflicto legal, incidente de seguridad o requerimiento regulatorio. En un entorno donde el software se convierte en un activo crítico y en una posible fuente de responsabilidad, auditar hoy es una forma de asegurar el futuro.

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